Publicidad:
Terra
La Coctelera

¿Qué nos reprocharan mañana?

Hijos de una madre, habitantes de la Tierra y dueños de su destino.

El mañana es el préstamo que nos concedieron los hijos por nacer. Nuestros actos de hoy aquí, en la Tierra, son la herencia que les administramos como gestores de un bien preciado, sin valor calculado pero si uno añadido, la vida.

No somos los dueños de lo que vemos, de lo que decimos tener. Somos parte de ello y como integrantes de un todo, respeto a la integridad.

Sometemos al que no tiene voz, al que carece de voto y decisión. Más tarde reprochamos sus actos, sus gestos, sus acciones.

Curioso especimen el ser humano aunque otra cosa no se puede esperar del que levantó barreras en el mundo, del que dijo esto es mío y esto otro lo tuyo, a pesar de que más tarde siempre quiso arrebatar lo de los demás.

Todos somos uno, uno que son todos y testigo de ello un planeta, un planeta que nos acoge a todos siendo como somos al fin y al cabo por poco que lo queramos.

Figar.

¿Recuerdas?

Desperté. Abrí los ojos y allí estabas tú, dormida, plácidamente dormida.

Respiré, me deslicé entre las sábanas y te encontré, bella, ajena al espacio que te rodeaba pero protagonista de la escena.

Acurruqué mi cuerpo junto al tuyo. Me dedicaste un leve suspiro entre sueños y un beso, sólo un beso, te di. Y aquel beso encerraba un te quiero para ti.

Allí, junto a ti, la felicidad, la plenitud descrita sin palabras. Tú, el regalo que la vida me guardaba, aquel por el que merecía la pena vivir cada día.

Te miro y repaso cada rincón de ti descubriendo allí y aquí, recuerdos de mis días junto a ti. Sueño y anhelo que mañana pueda, como hoy, volver a recordar.

Siento la inmensa dicha de la gracia concedida cuando te despiertas y me sonries, me miras y me abrazas. Me vuelves a mirar y me besas. Oigo entonces mi corazón latir junto al tuyo, al unísono. Tu respiración se agita y mis brazos te sostienen, te acercan aún más, si cabe, de lo que ya estás. Y allí, donde un día nos dijimos para siempre, te recuerdo, como cada día, que te quiero.

¿Recuerdas?

La flor de un día

Dícese que la dicha o suerte es flor de un día.

En la vida, uno, pocas veces puede sentarse y pensar, rebuscar y, quizás, encontrar momentos en los cuales pueda afirmar que se sintió dichoso.

Nos conjuramos, nos convencemos y creamos una verdad: La suerte es ave de paso.

Pero.., ¿qué es en si la suerte? Podemos, mejor dicho, éste que escribe puede diferenciar supuestos a los que otros me enseñaron a llamarlos suerte.

A veces la suerte es encontrarse mil pesetas (tanto tiempo hace que no encuentro esta clase de fortuna-suerte que me quedé estancado en las viejas pesetas de antaño); otras es un examen con preguntas que uno estudió antes de entrar; salvarse milagrosamente de un infortunio (aunque esto sería volver a nacer más que otras cosa); o acertar una quiniela (y como antes podría decirse que esto está reservado a los elegidos o nacidos con estrella).

Cuando leo esto que escribo (desde mi ignorancia) me doy cuenta que ponemos el apelativo de suerte a demasiadas cosas, momentos sin explicación o con ella (pero de la que nos queremos dar cuenta) en los que el azar jugó de nuestro lado.

Como uno es un poco escéptico, bastante, y quisquilloso por no decir quejicoso, me aventuro a decir que esa clase de suerte no la conocí y no la identifiqué como tal.

Si alguna vez encontré esas mil pesetas, sorprendido y con miedo las recogí, más tarde las gasté y de seguido culpable me sentí. Si yo las recogí quiere decirse que otro las perdió y por ende suyas fueron y no las disfrutó.

Si en ese examen no estudié o lo hice lo justo, me encontré con las preguntas que me dieron un aprobado pero un falso conocimiento de lo que en teoría aprendí como la nota reflejó.

Puede que haya vuelto a nacer aunque siempre he querido pensar que aún no me tocaba.

Y nunca me tocó una quiniela, ni un cupón ni nada enmarcado en "Loterias y apuestas del estado".

Pensando en ello huí de esas sensaciones de remordimientos por la fortuna que como ave algún día se posó cerca de mi y me convenzo de que la suerte, entendia desde esta mente retorcida, es gracia (efímera) de uno y desgracia de otro o, incluso, de uno mismo, como el reverso y anverso de una moneda.

A raíz de otra cualidad o peculiaridad mía, decidí escapar de todo eso. No quería obtener fortuna en algo en lo cual, a la larga, me traería un lado perverso, es decir, lo que un día fue dicha otro será desdicha. Y aunque la vida se pueda resumir muy brevemente, el que se atreva a hacerlo, en un vaivén de llantos y alegrías, quiero pensar que hay muchas más cosas.

En el momento en que uno creció y perdió la inocencia de antaño, decidí no acudir a la suerte, la olvidé. Quise detenerme solamente con momentos en los que me sentí dichoso, gozoso y en paz.

Pocas veces he conseguido esa sensación, es muy contadas ocasiones diría.

Una de las que recuerdo, puede que por el impacto que produce, fue la primera vez que alguien me dijo te quiero. Un te quiero lleno, absoluto, maduro y pleno. Era bonito pensar que podías transmitir, evocar pensamientos, sensaciones y sentimientos en alguien que le producían bien o felicidad.

Con los años, miras atrás y puedes contar muy pocas ocasiones.

Podría decirse que se habla aqui de dos cosas diferentes, que mezclo conceptos.

Simplemente para mi no existe la suerte dentro de este guión escrito que es la vida, aunque dentro de ella podamos, como los actores, improvisar de vez en cuando (reticencias a creer en el destino). Creo sinceramente que la dicha, suerte, fortuna, etc., son aquellos momentos en los que estás agradecido por vivir. Momentos en los que descubriste un amor, realizaste una aventura, compartiste la amistad, halláste lugares o paisajes evocadores, cruzaste miradas que fueron más que palabras... Momentos, al fin y al cabo, que perduran en el recuerdo con fuerza y no simples hechos a los que acudes como mera anécdota y pasaron sin pena ni gloria por el guión de la vida.

En fin, distintas maneras de entender la vida.

Figar.